#Me echo de menos

Es curiosa y alarmante la sensación de echarse de menos a uno mismo, se planteaba como tema de debate una noche de verano entre cervezas y restos de sol.

A veces, cuando estamos enfrascados en mil cosas y obstáculos, nuestro cuerpo abandona a nuestra mente o nuestra mente abandona a nuestro cuerpo. Y creo que es en ese preciso momento, ese en el que te rompes y decides empezar a tomar decisiones, cuando algo empieza a cambiar y la maquinaria de tu vida empieza a funcionar de manera diferente

Ni medias tintas ni tintas a medias.

Chocar contra la realidad o luchar contra ella te ayuda a ser más fuerte, más independiente y a conocer tus propios límite

Y todo se vuelve fácil. Y ya no te echas de menos.

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2 pensamientos en “#Me echo de menos

  1. “ADVERTENCIA A UNA CRISÁLIDA

    Crisálida, empujando hacia fuera tus manos de tu envoltorio translúcido. Crisálida, querida crisálida. ¿Estás segura de querer transformarte? Recuerda que si cumples tu última fase deberás volar. Ahora me dirás que en tu naturaleza está contenido el afán por lograr ser otro. Pero quiero advertirte de que ahí fuera lloverá. Crisálida, quizás tendrás que volar sola. Piensa que aquí dentro estás plácidamente dormida, cómoda, ensimismada. No lo hagas, crisálida. ¡No te lo recomiendan ni las hadas! ¡No, no lo hagas, por lo que más quieras! Permanece aquí, protegida de los fenómenos naturales, de caer rendida a la pasión y luego resignarte, para después iniciar otro capítulo que pertenece a un mismo ciclo engañoso. Todo se repetirá, crisálida. Transformarte, ser tú misma, a fin de cuentas, no te lo perdonarán. Si sales de aquí, ya no podrás volver atrás. Deberás volar, escabullirte de las aves que pretenderán comerte. Verás el mundo tal y como es, y eso es bueno, y es terrible.

    ¡Crisálida! Tengo que confesarte un secreto. ¡Va, hazme caso! Si decides quedarte dentro de tí, tal y como eres ahora, prometo explicártelo. ¡No, crisálida, no! Por Dios, no lo hagas. Quiero avisarte antes de que…

    Muy bien. Ya lo has hecho. ¿Lo ves? Has abandonado tu antiguo refugio. Has dejado atrás todo convencionalismo. Ahora te exhorto a mirar a tu alrededor. Observa las otras ramas. Contempla el resto de los árboles. Otea el bosque entero. ¿Qué ves? Lo siento. Allí están las otras, adormiladas, hasta que sus alas se pudran y mueran antes de haber existido. Quise avisarte, pero no me hiciste caso.

    Como podrás comprobar, la mayoría de ellas no ha querido salir. Casi todas han temido demasiado afrontar esa última transformación, volar por sí solas, aceptar la lluvia, crear su propio camino. Algunas de ellas, las más intrépidas, murieron en un estado intermedio, ya que una de sus alas, en el último momento, en la hora clave, permaneció anclada en su antiguo y confortable interior. La voluntad les falló estrepitosamente, o no encontraron el valor suficiente para dejar la comunidad de seres que siempre duermen, y que confunden semejante acto de vivir. Otras simplemente sacaron la cabeza y cuando intentaron volver a su recaudo, ya fue demasiado tarde. Pese a que el manto protector se había roto, no se atrevieron a saltar al vacío.

    Míralas. Todas son y serán, para siempre, crisálidas, proyectos. Cobardes. Abstraídas en su estado larvario. Con excusas permanentes. En el agridulce sueño del que se sueña, y nunca ES.

    Ya no puedes volver atrás. Estás en el vacío, en el aire. A partir de ahora, sólo podrás hacer una única cosa.
    Desplegar tus alas.
    Seguir adelante.
    Y ser.”

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